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Las Fiestas a última hora, consecuencias de una mala gestión

Burgos – 15 de junio de 2026

Las fiestas de San Pedro y San Pablo deberían ser un momento de alegría, cultura y convivencia para toda la ciudadanía. Sin embargo, a pocas semanas de su inicio, volvemos a hablar de problemas organizativos evitables: incertidumbre con las barracas, una oferta mínima para los fuegos artificiales y una programación que llega tarde y con escasa participación vecinal.

La situación de las barracas es especialmente significativa. Los feriantes han decidido no presentarse al contrato del Ayuntamiento porque rechazan la ubicación planteada por el equipo de gobierno que ha tenido que recular. No es un problema nuevo. Desde hace años se debate sobre la necesidad de un recinto ferial adecuado. El gobierno de Cristina Ayala prometió avanzar en esa dirección, pero el recinto sigue sin empezar y las decisiones vuelven a llegar tarde.

Tampoco ayuda que los pliegos se hayan publicado apenas unas semanas antes de las fiestas. Cuando San Pedro está a la vuelta de la esquina, improvisar tiene consecuencias: menos margen de negociación, menos opciones y más incertidumbre. La gestión municipal no puede basarse en confiar en que todo salga adelante en el último momento.

Algo parecido ocurre con los fuegos artificiales. Por ahora, solo una empresa se ha presentado al contrato y eso podría traducirse en una programación muy limitada. No hablamos de algo nuevo, sino de una tradición consolidada desde hace décadas. Más allá de los fuegos, preocupa el síntoma: cuando los procesos llegan tarde, la ciudad pierde capacidad para ofrecer unas fiestas a la altura.

La sensación de improvisación se agrava además cuando aún hay conciertos de las fiestas de 2025 pendientes de pago. Gestionar tarde tiene consecuencias, pero gestionar mal también erosiona la confianza de promotores, empresas culturales, asociaciones y colectivos que hacen posibles nuestras fiestas.

A ello se suma una percepción cada vez más extendida: las fiestas se diseñan de arriba abajo, con escasa participación real. La programación llega tarde y la ciudadanía apenas puede influir en un modelo festivo que debería representar a toda la ciudad.

Frente a esta forma de gestionar, Izquierda Unida Burgos defiende algo sencillo: planificación, participación y visión de ciudad. Burgos necesita un modelo festivo trabajado con tiempo, diálogo con feriantes, asociaciones y vecinos, evitando licitaciones de última hora y garantizando una programación cultural accesible para todos los barrios.

Porque las fiestas no son un escaparate político. Son parte de la vida de la ciudad, generan actividad económica, crean comunidad, favorecen la convivencia intergeneracional, impulsan la participación ciudadana y mantienen viva la cultura popular… Y eso exige algo más que improvisación.

Burgos necesita planificación, también en sus fiestas

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