El botellón en la juventud, causas y soluciones

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Hace apenas dos meses nos levantamos con la triste noticia de que una menor, una niña de 12 años, había muerto a causa de un coma etílico.

Por supuesto la noticia escandalizó a gran parte de la sociedad pero hay que preguntarse, ¿qué hay detrás de sucesos como este?

No es el primer caso de menores que llegan a los hospitales en estado de coma. No hay más que coger los periódicos y leer los titulares: “menor de 13 años hospitalizada tras desvanecerse por un coma etílico”, “chavales de 10 años de botellón”, y un largo etcétera.

Si bien son casos que suponen un porcentaje bajo, al ir a las estadísticas vemos que cada vez el consumo de alcohol se inicia a una edad más temprana, los 13,9 años. Es un dato muy preocupante debido a numerosos factores y hace que me surjan multitud de preguntas. ¿Por qué unos adolescentes tan jóvenes empiezan a consumir alcohol? ¿Se puede eliminar este consumo por completo o va a seguir existiendo? En caso de que sea imposible erradicarlo ¿podemos hacer algo para que el impacto y el daño sea menor?

Lo primero que hay que destacar es que en este problema intervienen tres esferas que contribuyen a su mantenimiento.

Para empezar, el/la propix adolescente que se inicia en esta práctica. La adolescencia es una época, todxs lo sabemos por experiencia, de transgresión, de ganas de buscar algo nuevo. El alcohol en pequeñas dosis ofrece unas emociones positivas muy interesantes y peligrosas a la vez si no eres capaz de controlarlas, bien porque te pases con la dosis y ello acarrea problemas de salud que llegan hasta un coma etílico, o bien porque no encuentres otra manera de sentir esas emociones. Para contrarrestarlo, habría que buscar alternativas de ocio que enganchasen a los y las adolescentes y que les generase ese mismo tipo de emociones.

Además es una época en la que la percepción del riesgo y de las consecuencias a medio largo plazo es escasa. Para solucionarlo, una alternativa que ya se está realizando en diferentes institutos, es la de cambiar el formato de las charlas sobre alcohol. Estas charlas suelen impartirse por expertos en la materia, la idea es cambiar al experto por otro joven que cuente sus experiencias con el alcohol y como este ha jugado un papel negativo en su vida.

Otra esfera a tratar es la familia. Ahora que estamos en plenas fiestas navideñas sería interesante plantearnos qué ejemplo damos a los más pequeñxs de la casa. La normalización dentro de la familia, y en general en la sociedad, del consumo de alcohol entre adultos puede mandar un mensaje confuso a lxs adolescentes. Siendo una época en la que quieres comportarte como unx adultx, si ves a tus padres bebiendo cantidades considerables de alcohol, ¿por qué vas a ser tú diferente?

Y por último está la esfera de la sociedad, donde el consumo de alcohol se ha normalizado por completo y donde se mira raro a una persona joven que no lo toma.

Pero en la sociedad hay otros muchos problemas. El control a los comercios que distribuyen este tipo de bedidas es escaso y las multas son irrisorias, si es que se les termina multando. Por el contrario sí se multa a los menores a los que se pilla haciendo botellón. A la vista está que esto no está siendo efectivo. Tal vez sea más productivo invertir las tornas y perseguir con dureza al que distribuye el alcohol, impedir el tráfico de este entre mayores y menores de edad y cambiar la multa económica por algo que realmente le cueste un esfuerzo realizar al adolescente. No nos engañemos, una multa monetaria acaba pagándola la familia mientras que si la consecuencia de hacer botellón es de otro tipo que implique directamente al consumidor, en otra ocasión valorará en mayor medida estas consecuencias.

La sociedad también es la que tiene que ofrecer otro tipo de ocio que enganche al adolescente. Si nos centramos solo en Burgos, este ocio alternativo es muy escaso y poco atractivo. Y ya no hablemos de cómo es en las zonas rurales, pues en numerosas ocasiones ni si quiera existe. En Burgos existe la figura de los centros cívicos que podrían explotarse más con este fin, lo cual también favorecería la creación de nuevos puestos de trabajo.

Como podemos ver, el consumo de alcohol en menores es un tema multicausal y por tanto, tiene una solución compleja. No podemos centrarnos solo en una de las esferas porque no estaríamos más que parcheando un problema muy grave. Por eso es responsabilidad de todos, madres, padres, educadorxs e instituciones ponerle solución cuanto antes. Y esa solución no pasa única y exclusivamente por la prohibición tajante del consumo, es necesario dar alternativas efectivas para no lamentarnos después de noticias como la que comentábamos al principio.