Área de Mujer

Disfrutar el deporte en igualdad

#nosois23somostodoelfutfemEl fútbol femenino, ni es femenino, ni es fútbol. Cuántas veces habré oído esa frase, esa o cualquier otra similar, y no siempre en boca de un hombre, sino muchas – demasiadas – veces pronunciadas por mujeres, en ocasiones incluso futbolistas. Hablar de machismo en el fútbol femenino, muchas veces propiciado y fomentado por las propias mujeres, parece más que prohibido.

El día que la selección española femenina comenzó su andadura en la Copa Mundial Femenina de la Fifa, en Canadá (el 9 de junio), televisada por primera vez en abierto, RTVE retransmitió unos minutos antes del debut el documental “Soñar en grande”:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/enfoque-hora-otra-roja/2892135/

Todo muy bonito, muy ilusionante, pero demasiado idílico. Ninguna jugadora hablaba del machismo en este deporte, de los inicios de muchas niñas que juegan en equipos de chicos y a las que los padres de sus rivales les dedican lindezas del tipo: “esa niña no te puede ganar, es una niña”, por poner uno de tantos ejemplos. De mujeres que juegan al fútbol sin poder ser profesionales, porque en España la ley impide que las mujeres futbolistas puedan jugar una liga de fútbol profesional al existir ya una masculina. No cotizan a la seguridad social, por lo que la mayoría de las que practican este deporte en algún equipo de la 1ª División Femenina, compitiendo a un alto nivel, lo hacen como aficionadas, compaginándolo con sus estudios o trabajos. Las pocas que pueden, se van fuera de España.

Seguramente también desconocido para la mayoría sea el caso de Laura del Río, la primera futbolista española en jugar en la prestigiosa liga Estadounidense, donde el fútbol femenino es el deporte más practicado por niñas y jóvenes. No en vano EEUU ha conseguido ganar esta competición en dos ocasiones, siendo uno de los equipos favoritos a conquistar el título en este año 2015.

Pues bien, Laura del Río ya en 2010 se quejó abiertamente de que debido a un enfrentamiento con el seleccionador, no había vuelto a la concentración desde 2009. Las mismas futbolistas que ahora piden el cambio de entrenador admiten que las voces discordantes nunca han vuelto a ser convocadas, aunque no dan nombres.

Esta vez piden que los entrenamientos sean más intensos y profesionales, acordes al fútbol moderno y no al que se jugaba hace 20 años; piden una mejor preparación para los partidos, con un mejor estudio de sus rivales; piden no ser tratadas de forma diferente en función de si son parte del equipo titular o del suplente; piden acabar con las bromas machistas de su seleccionador; piden poder hablar y reclamar lo que les parece justo.

Y lo peor no es la situación del fútbol femenino español, sino que los responsables de poder cambiar este tipo de problemas permanecen apoltronados en sus sillones sin querer mover un dedo. Ni el entrenador, Nacho Quereda, ni el presidente de la Federación (RFEF), Ángel María Villar, parecen ni siquiera incómodos porque las 23 jugadoras hayan dicho “Basta”. Debe de ser que este grupo de chavalitas (como son denominadas por el entrenador) que juegan al fútbol por jugar, que van a un mundial por ir, se han vuelto locas al demandar algo que no les debe de estar permitido: ser tratadas como las profesionales que son.

Hablaba unas líneas más arriba del documental “Soñar en grande” y de la falta de crítica ante una realidad que ha avanzado muy, muy poquito, mientras que el nivel de las futbolistas se ha incrementado notablemente. Después de la eliminación de la selección femenina, y el inusitado seguimiento mediático que ha tenido su primera participación mundialista, me alegro de que todas a una, el grupo entero demande un cambio. Un cambio en el que todas puedan alzar la voz, decir lo que piensan, conceder entrevistas y, por supuesto, seguir luchando por la igualdad en un deporte hasta ahora solo reconocido para los hombres.

Para apoyar sus reivindicaciones, han lanzado una campaña en Twitter con el hashtag #nosois23somostodoelfutfem.

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