Burgos Ciudad

Asesinatos machistas, asesinatos de la sociedad.

Artículo de la compañera de IU Burgos, Laura Dominguez.

 

violencia machista

Este año ya son 52 las mujeres asesinadas por violencia machista. 
Cuando una ve como los medios tratan este tema se le ponen los pelos de punta. O bien se trata de una noticia más en la parte se sucesos o bien, cuando no hay nada mejor que contar y conviene cubrir la crisis con un tupido velo lleno de lugares comunes de emocionalismo barato, llantos, sangre en la acera, y el típico vecino que diga que al asesino se le veía un hombre muy normal. No son anécdotas de la prensa amarillista, aunque día a día vivimos este tratamiento informativo. No son casos aislados. No son enfermos, alcohólicos o parte de familias desestructuradas. La violencia contra las mujeres las ejercen los hijos sanos del patriarcado (consigna feminista muy acertada)
La violencia contra las mujeres es un problema estructural de la sociedad en que vivimos y quisiera explicar dos cosas que a menudo se tapan: la primera que los asesinatos no son la única forma de violencia; la segunda, que el problema no se soluciona con una legislación que, a la vista está, se nos ha quedado pequeña ante la realidad.
La violencia contra las mujeres existe porque existe el patriarcado, y esto es una verdad de perogrullo pero que conviene repetir una y otra vez porque se niega: la niegan los medios, la política buenista y sus leyes insuficientes y sobretodo, una mayoría de la sociedad, especialista en no ver las marginaciones e injusticias ajenas. Las mujeres seguimos siendo ciudadanas de segunda, por muchas leyes de igualdad promulgadas, porque la realidad va muy por detrás y el arraigo machista en este país de corte nacionalcatólico no se puede solucionar de un día para otro. La violencia sigue estando porque los hombres siguen considerando que las mujeres son su propiedad y que sólo mediante relaciones de violencia pueden mantenerlas a su lado. No son enfermos, no son violentos en sí mismos, son personas educadas en una tradición patriarcal. Algunos lo llevan hasta las últimas consecuencias. Otros son más sutiles: la moneda de cambio que suponen los derechos reproductivos para Iglesia y Gobierno, el acoso laboral, la precariedad, las relaciones posesivas, los celos… Desde tu propia casa hasta tu trabajo y hasta el poder político la violencia contra las mujeres se extiende por todos los ámbitos de nuestras vidas y a veces es tan sutil que siguen intentando engañarnos con que esa realidad no existe.
Por eso, la educación en género debe ser transversal, extenderse por todas partes, llegar hasta los rincones en los que ni siquiera podamos llegar a imaginar que tiene importancia. No nos vale el ámbito jurídico, porque el papel lo aguanta todo y la realidad muy poco. Y aún más: esas leyes no siempre las hicieron feministas y además ya han demostrado lo poco que les importa echar marcha atrás con ellas cuando los vientos no les son favorables (los recortes en igualdad responden a un ataque ideológico: mientras había prosperidad nos pusimos la careta de la igualdad y ahora ya podemos mostrar que seguimos siendo igual de patriarcales porque la crisis avala nuestras políticas). Porque ni la educación, ni la sociedad, ni el poder político, ni la jurisdicción española (ni la de ninguna parte del mundo) es feminista. No se creen lo que ellOs mismOs aprueban.

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